VIII edición del concurso: ¡Participa!

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Ya está abierta la VIII edición del concurso. El tema elegido es “Más activos, más sanos, más felices”. Tienes de plazo hasta el día 9 de junio. ¡Anímate y participa!

CONSULTA AQUÍ LAS BASES

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Familia unida, familia feliz

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Una tarde de invierno, estaba una familia sentada en el sofá de su casa viendo la televisión y comiendo comida-basura. Cuando la madre fue a levantarse se dio cuenta de que se habían quedado atascados en el sofá. Ese día decidieron empezar a comer sano y hacer ejercicio.
Al principio les costó mucho, se cansaban y pasaban mucha hambre, pero un mes después empezaron a encontrarse mejor, podían moverse con facilidad, cabían todos en el sofá cuando se sentaban a ver la tele por la noche, y estaban más felices y contentos. Sus amigos les animaban mucho para que siguieran comiendo sano, y les decían cosas bonitas.
Los niños de la familia, al sentirse tan bien, empezaron a practicar más deporte en el colegio, y a jugar con otros niños a corres y saltar sin que les diera vergüenza, y desde ese día nunca dejaron de llevar una vida más saludable.

La fruta energética

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Érase una vez un niño llamado Juan, al que le gustaba mucho correr, jugar, etc. Él tenía un sueño: convertirse en el mayor atleta de la historia. Y entrenaba mucho, pero notaba que no era lo suficiente rápido, fuerte y que nunca ganaría.
Un día paseando por el bosque encontró un árbol un poco peculiar, porque Juan no sabía qué fruta era esa. Pero a él no le importó, cogió una de esas frutas y la probó, estaba deliciosa.
Al siguiente día, cuando se preparaba para entrenar, se notó más rápido y fuerte y en ese momento se fue a buscar a la biblioteca qué fruta era. Se dio cuenta de que era la fruta energética.
Ese día justo celebraban las olimpiadas. Estuvo muy reñido pero al final ganó Juan. Y se dio cuenta de que ganar no es lo que importa, lo que importa es divertirse.

¡Hoy llueven frutas!

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Un día una niña llamada Rebeca fue a comprar el pan. Era un día normal y corriente, y Rebeca estaba muy feliz. Pero cuando la niña miró al cielo todo estaba diferente. Era raro, había nubes amarillas, otras eran verdes, el cielo estaba naranja, y no era el atardecer. De repente la niña notó como si una pelota hubiera caído del cielo y golpeado su cabeza, no era una pelota, ¡era una mandarina! Cuando Rebeca miró a su alrededor no veía más que manzanas, peras, plátanos, limones y mandarinas caer del cielo…… ¡era lo nunca visto! Rebeca fue de las únicas personas que vivió esto.

Las frutifrutas

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Érase una tarde aburrida en la que Pablo miraba por la ventana, y a lo lejos vio como si hubiera una especie de nave de frutas…
Al día siguiente, mientras desayunaba sus cereales, volvió a mirar por la ventana y al no ver nada decidió salir a la calle.
Y al ver qué había pasado el día anterior ¡encontró un platillo volante lleno de frutas convertidas en marciano! No podía creer lo que veían sus ojos. Con mucha valentía decidió acercarse y … ¡los marcianos lo saludaron y fueron súper amables con él! Tenían nombres muy parecidos ¿algo así cómo?: Blat, Blet, Bluy …. Nos trajeron frutas exóticas de su planeta. ¡Lo más sorprendente es que te dan súper fuerza y súper velocidad! ¡Ah, y estaban buenísimas!

De Pancho a Flancho

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Érase una vez un niño llamado Pancho, no dejaba de ver la tele y de comer guarrerías.
Entonces un día Pancho no se podía levantar del sofá y tuvo que llamar a sus padres a gritos, pero sus padres tampoco lo podían sacar del sofá.
Tras tantos inútiles intentos los padres de Pancho decidieron llamar al médico para que levantasen del sofá a Pancho.
Una hora y media después de sacar a Pancho del sofá los médicos le dijeron a Pancho que tenía que adelgazar, así que se tuvo que poner a dieta y tuvo que hacer mucho deporte, y al final lo consiguió. ¡Pancho adelgazó!
Y desde ese día ya no se llama Pancho, sino que se llama FLANCHO.
Ten siempre una dieta SALUDABLE.

Samuel y su historia

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Había una vez un niño, que tenía malos hábitos. Un día fue al médico y resulta que por sus malos hábitos era diabético. Aquel niño llamado Samuel empezó a darse cuenta de que sus malos actos (comer mal, no hacer ejercicio) ha hecho que empeore su salud. Empezó a hacer ejercicio, comer comida buena y sana…
Después de un año con buenos hábitos empezó a mejorar su salud, e incluso su estado físico. En ese año se apuntó a baloncesto, que resulta que es una actividad que le gusta mucho.

Al terminar el año, ya que su salud mejoró, dejó de ser diabético. En el futuro mejoró tanto con el baloncesto que se convirtió en jugador profesional.

La final

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Habían ganado la semifinal 1-0 hace tres días y se disponían a ganar también la final.
Carlos, el capitán del equipo, estaba muy nervioso, al igual que sus compañeros. Estaban calentando cuando el árbitro dijo que el partido empezaría en un minuto.
Y el partido comenzó.
El equipo contrario sacó, se pasaban bien el balón y dominaban el partido, y en el minuto 43 metieron un golazo pegado al palo, raso. Pasaron dos minutos y la primera acabó.
La segunda parte siguió igual hasta el minuto 89, en el que un pase que hizo el portero rival hacia uno de sus compañeros, fue interceptado por Rodrigo, del equipo de Carlos, que marcó gol.
Fueron a la prórroga y, como no metieron ningún gol, llegaron hasta la ronda de penaltis. Ambos equipos anotaron los cuatro primeros, pero el rival falló el quinto. Carlos marcó el último penalti, consiguiendo la copa.
Carlos cayó al suelo llorando de alegría. ¡Habían ganado!

Mi bici

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Llegué del trabajo y allí estaba mi bici, menos de 10 kilos de carbono, aluminio y goma. Abrí el armario y saqué la ropa de ciclismo, posiblemente la más inútil que existe, un pantalón llamado culote, con un refuerzo para las posaderas que sin una bici debajo más bien parece un pañal, una camiseta, llamada maillot, incómoda para todo menos para pedalear y unas zapatillas con unos amarres en la suela que al andar simulas un pingüino. Junté todo, bici, ropa y mis ganas de libertad y esfuerzo. En pocos minutos tenía el lejano horizonte a mi disposición.
Podía sentir el calor, el frío, la lluvia. ¡Qué magnifico deporte!, regresé a casa, dejé la bici en su sitio y puse la ropa en la lavadora, el horizonte se volvió cercano en las cuatro paredes de mi casa pero apreciaba aún más si cabe la confortabilidad de mi hogar. ¡Gracias bici!.

Cuando era niño

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Cuando era niño, íbamos al encuentro de los amigos corriendo por las aceras, subiendo y bajando escaleras, desbordantes de energía en las mañanas placenteras.
Trepábamos a los árboles como si fuéramos escurridizas salamandras, mirábamos las azaleas con la parsimoniosa paciencia de los caracoles. En agosto, nuestra piel se tostaba bajo el tiránico sol del verano y, tras sucumbir al cansancio de los juegos estivales, hundíamos la cabeza en el agua fresca de la acequia, resistiendo la trepidante embestida de su corriente y de sus avatares. Correteábamos por los caminos polvorientos, nos atiborrábamos de moras en los zarzales y volvíamos a la noche a nuestros hogares, con las piernas magulladas y los corazones rebosantes de gozo. Y las noches se convertían en el decorado de nuestros sueños. Y el cielo estrellado en la bóveda bajo la que seguían discurriendo nuestras andanzas. Cuando era niño, no necesitábamos nada más.

Deseo posible

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Max salió por la puerta de su habitación , con la inocencia que le daba su edad , esperaba encontrar a su padres tranquilamente sentados , sin bullicio , dejando pasar las horas de la tarde hasta la cena …era domingo y el descanso primaba sobre cualquier otra actividad prevista …
La siesta había sido larga y reconfortante , así que Max , pleno de energía, podía con una maratón , subir un pico o llegar a casa de su abuelo dando volteretas.
En el comedor sonaba una música de baile , suave pero alegre , que invitaba a enlazar los cuerpos y girar con una sonrisa.
Ven Max,-le dijo su padre- te vamos a enseñar un paso y lo bailamos los tres,cuidado no te marees…cierra los ojos. Instintivamente pidió un deseo , siempre lo hacía ….

“que hayan apagado el móvil mis padres”