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EL PLAZO PARA PRESENTAR RELATOS SE AMPLÍA HASTA QUE REGRESEMOS AL COLE

Como no se puede introducir la ficha del concurso en la urna de secretaría, se puede enviar junto con el microrrelato. También es suficiente indicar el nombre, curso y categoría en el mensaje de correo.

(El jurado leerá los relatos en la web para no conocer de antemano su autor/a)

El oráculo del cangrejo

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Al amanecer un niño paseaba por la playa acompañado por una ligera brisa templada.
Al poco de iniciar la marcha, de entre la fina arena, un pequeño cangrejo asomó ante sus pies.
Estaba envuelto por una especie de cinta de plástico, a modo de corsé, y luchaba desesperadamente por desembarazarse de él. El niño, apiadándose del desafortunado crustáceo, hurgó en sus bolsillos en busca de algo que le ayudase a liberarlo, aunque sólo halló un reloj que no funcionaba y una hoja seca que se quebró entre sus dedos. En ese instante, el cangrejo despareció engullido por el mar. El niño se detuvo entonces a observar el océano infinito, como el capitán que desea atisbar a la gran ballena blanca. Pero solo percibió a lo lejos, en el horizonte, un barquito y el fulgor de su vela de nácar punteada por los primeros rayos de sol.

¿Madre Tierra?

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Yo soy madre y vida. Yo os doy más de lo que puedo, pero vosotros no me agradecéis nada. Os estaréis preguntando quien soy, soy Madre Tierra o Pachamama.
Bueno, creo que dejar que vosotros avancéis fue un gran error, pero bueno. Os contaré una historia…Todo empezó hace mucho tiempo. Yo era un planeta sin vida, seco, pero de la nada exploté y me salió agua , después empezaron a brotar plantas¡¡Estaba muy feliz!!
He pasado por más de cien millones de especies, tanto animales como plantas. De una célula a un animal.
Hoy en día no cuidáis de mí. No cuidáis los bosques le prendéis fuego y eso a mí me duele mucho. Me estoy desvaneciendo poco a poco.
¡Por favor, cuidad de mí! ¡Me estoy convirtiendo en piedra poco a poco!

Hilda y su lucha por la naturaleza

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Esta es la historia de una osa llamada Hilda .Vivía en un bosque del sur de
América y se dedicaba a comer todo tipo de peces que encontrara en el río .
Un día que iba hacia el río oyó un extraño ruido que salía de un árbol, cada vez se acercaba más y más , al no saber lo que era decidió ir a ver .Era un leñador y sus trabajadores talando los árboles de esa zona. De pronto Hilda se encontró con su amigo Marcos , este le dijo que querían talarlo entero ¡
menudo susto se dio ! Menos mal que no se desmayó ,fueron juntos por todo el bosque alertando de la situación al resto de los animales. Cuando todos se enteraron ,se plantaron delante de los trabajadores. Pararon la demolición y los trabajadores tuvieron que plantar nuevos árboles.
A veces la naturaleza empeora por el ser humano. ¡Cuidala!

El club de las 3 erres

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Erase una vez un mapache, una ardilla y un zorro que estaban hartos de que los humanos ensuciasen su bosque. Formaron un club, el club de las 3 erres, cada uno se ocupaba de una erre. El mapache era el encargado de reciclar, la ardilla de reutilizar y el zorro de reducir.
Por las noches el mapache se colaba en las casas de la gente, organizaba la basura y bajaba lo que podía a los contenedores azul, amarillo y verde.
La ardilla utilizaba los desperdicios de los humanos para convertir bricks en nidos para pájaros, botellas de plástico para hacer comederos para conejos y guardaba las bolsas vacías brillantes para hacer adornos de navidad.
El zorro diseñaba carteles informativos para concienciar a la gente de que utilizase menos materiales contaminantes y comprasen solo lo que realmente necesitasen.
Así trabajaban cada día ¡Misión cumplida por hoy! ¿Te gustaría echarles una mano?

Un submarino

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Había una vez una niña a la que le encantaba el mar, ella tenía pasión por los animales acuáticos. Su pelo era rojo rubí que destacaba en su rostro.
Un día se fue con su padre al mar con un submarino amarillo para ver los
animales marinos y sus costumbres.
Cuando se sumergieron y empezaron a moverse, la niña miraba por la ventana. Vio una pobre tortuga enganchada a una red de plástico.
Rápidamente le pregunto a su padre: ¿tienes un traje de buceo? –creo que
sí. ¡Tenemos que ayudar a esa tortuga!-dijo la niña-.
Salieron, la quitaron el plástico del cuello y se dieron cuenta de lo mal que
cuidamos el mar.
Días después quisieron formar una campaña de recogida de plásticos, que
consiste en ir a recoger basura del mar los sábados por la mañana.

Patines para la felicidad

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Carlos era un niño que no lo estaba pasando bien, en su casa iban justos de dinero. Cada día, después del colegio, tenía que trabajar en una empresa de repartos para poder ayudar en casa. Apenas le quedaba tiempo para su hobby, que era patinar.
En las rutas de reparto veía como había muchos niños pobres por las calles, que vivían rodeados de contaminación.
Un buen día se lo ocurrió una idea: crear una ONG que enseñara a patinar a los niños de la calle, y así podían trabajar haciendo repartos sin contaminar la ciudad.
A su jefe le encantó la idea y le ayudó a organizarla; en unos meses, ya no había niños tristes en las calles y el cielo de la ciudad tenía mucha menos polución.

Óscar y la tortuga

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Había una vez un niño llamado Óscar que no creía en los consejos para cuidar el medio ambiente.
Un día, por su cumpleaños, le regalaron una cría de tortuga. La cuidó durante años pero se hizo demasiado grande y decidió dejarla en libertad.
Pensó que el mejor lugar era un estanque a pocos minutos de su casa donde habitaban otras tortugas.
Le hizo una pequeña marca en el caparazón para poder conocerla y se dirigió hacia el estanque para dejarla en libertad.
Por un lado, estaba feliz porque su tortuga era por fin libre, pero por otro lado se sentía triste porque se separaba de su amiga.
Pasaron los meses y Óscar decidió ir al estanque. Cuando llegó, vio una tortuga muerta por culpa de unos envases de refrescos. Se quedó destrozado al ver la marca en el caparazón.
Entonces, comprendió lo importante que es cuidar del medio ambiente.

El árbol de José Luis

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Érase una vez un señor llamado José Luis, a él le gustaba mucho leer. Un martes por la mañana decidió plantar un libro en el suelo. El árbol solo no podía crecer, pero si José Luis leía el árbol sí que crecía.

Leyó ciento ochenta y nueve libros, un libro más y le saldrían flores, que al final serían libros, los cuales se leerán en un futuro no muy lejano.

Un día un leñador se enfadó, por que no había árboles. Y al día siguiente vio el árbol de José Luis, corrió a llamar a cinco leñadores. Todos intentaron talarlo pero nadie lo consiguió debido a las defensas del árbol, ¡les tiraba libros! que les daban a los leñadores.

Todos los días José Luis tiene que recoger los libros, porque los leñadores no se cansaban de intentarlo. José Luis donaba los libros a una biblioteca.

El elfo y el incendio

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En un pueblo llamado Bal, vivía un elfo cuyo nombre era “Pelaire”.
Este elfo, protegía los bosques de Bal, hasta que un verano llegó un terrible incendio.
Como no sabía qué hacer para detenerlo, pidió ayuda a todos los habitantes del pueblo, pero nadie le hizo caso… Solo una niña llamada Belinda le escuchó.
La ayuda no era suficiente y el incendio no se apagaba… Muchos árboles se quemaron y el elfo no los pudo revivir.
Ya no quedaba vida ni animales en el monte… Sólo árboles negros y retorcidos… Un paisaje triste y desolador.
El pueblo viendo así sus montes, decidió cultivar todo tipo de árboles para volver a llenar todo de vegetación y vida.
¡¡Dos años después, todos los montes de Bal volvían a estar verdes!!
El pueblo aprendió una lección muy valiosa:

Debemos proteger la naturaleza y la vida que en ella hay.

La familia de Marta se enfrenta a una constructora

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Erase una mañana tranquila en la casa de una niña que se llamaba Marta.

Marta vivía en las afueras de una ciudad muy grande y a su alrededor había muchos árboles y césped. De repente una excavadora empezó a talar árboles cerca de su propiedad. La familia de Marta se enfadó mucho y por eso presentaron una reclamación a la empresa constructora que había enviado esa excavadora. Nada más ver la reclamación, el dueño de la empresa la rompió sin darle importancia y decidió solucionar ese asunto sobornándolos con algo de dinero. Pero la familia de Marta no lo aceptó y entonces decidieron presentar una denuncia en la policía. Desde entonces, no les volvieron a molestar y les repararon los daños.Y fueron felices y comieron la barbacoa que tenían preparada.