Autores mayores de 14 años

La música del mar

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El único sitio donde Magdalena se sentía llena de paz, era en la orilla de la playa. La música de las olas del mar se convertían en un increíble concierto de bellos sonidos.
Magda, se imaginaba peces de colores bailando entre el oleaje al son de esa maravillosa música que a veces se alternaba con las sirenas de los barcos que llegaban a puerto.
Al anochecer llegaba la hora de volver a casa, donde la música era muy diferente. Sus padres se gritaban constantemente, habían perdido la magia de la felicidad.
Entonces Magda se refugiaba en su habitación y cogía una caracola.
Cerraba los ojos, y escuchaba el sonido del mar. Todo volvía a su sitio .
Con el tiempo, sus padres tomaron caminos diferentes, pero recuperaron la paz. Magda, les enseñó a disfrutar con la música. Con su música: la del mar, la de su caracola, la de la vida…

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La música te lleva

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Como cada día, iba caminando hacia el cole cuando, inconscientemente, aminoré mi marcha al acercarme a una pareja de octogenarios paseantes o “The Silent Generation”.

Él empujaba pacientemente la silla de ruedas de la que debía ser su amada esposa. Seguro que era amada por el tierno escenario que contemplé: la mujer iba arropada con una manta de cuadros rescatada del ajuar que un día su madre le preparó. Su cabeza ladeada, su delgado y frágil cuerpo sujeto con un cinturón para no perder el equilibrio, su rostro esbozando una suave sonrisa y su mirada perdiéndose en sus vivencias olvidadas.

Colgaba de la manilla de la silla, un transistor, emitiendo una sintonía de Xavier Cugat. ¡Me conmovió!. Llevados por la música, los dos trasladaban sus recuerdos a aquel primer baile juntos en el pueblo, a aquel primer beso, al comienzo de una vida sin entonces imaginarse que iban a unirse durante 60 años, el uno junto al otro, ahora el uno por el otro.

La música de la personalidad

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La música es un modo de expresar, de afrontar, de comunicar, de sentir… La música es capaz de evocar emociones. La música es majestuosa, ubicua, sublime, inspiradora… Me da igual que no cantes bien, seguro que eres un gran compositor llevando el ritmo de tu vida. Tú… tú eres el director de tu propia orquesta. A lo largo de tu vida podrás desafinar, pero no importa, con el paso de los años tendrás grandes experiencias y un sinfín de pentagramas para practicar. Posiblemente, no siempre elegiremos la mejor tonalidad para cada momento, ni tampoco las mejores notas que adornen esa partitura. Lo realmente importante será que no olvides ningún sonido, y hacer del ruido la mejor melodía. Pues lo que está claro es que, si chillamos, molestamos y si entonamos, inspiramos. Cuando sientas que la canción ha sido un fracaso, piensa en aquellos matices que no incluiste, y que deberías retomar, con todas sus intensidades e intervalos de tiempo, con el sentir de cada nota, y es entonces cuando debemos añadir matices que todavía no formaban parte de esa pieza musical. Así que, mi consejo es, que no dejes de componer y siempre innova, intenta superar tu mejor melodía, tu mejor nota, tu mejor canción… No te conformes con ser el hit del verano, ni solamente gustar a los demás, busca ese sentimiento propio, ese sentimiento que te lleva a realizar la mejor obra musical de la historia con tu propia banda sonora.

Like a Stone

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Como cada mañana, subió a su coche. Encendió el motor. A la vez que el tablero de su automóvil se iluminaba, cobrando vida, la música comenzó a sonar. Like a Stone, la canción de Audioslave que tanto le gustaba, continuó, exactamente, en el mismo acorde en el que se había quedado el día anterior.
Cerró los ojos un instante, dejando que el sonido le envolviera, trasmitiéndole todos los matices de la melodía. Un pensamiento fugaz cruzó su mente, lo atrapó al vuelo y comenzó a madurar la idea que allí se intuía.
En la vida, en ocasiones, sucede como con la música. Puedes retomar una canción que abandonaste, y continuar escuchándola como si no hubiera pasado el tiempo. Al abrir los ojos sonrió, sabiendo que iba a volver a matricularse en la Universidad, y que conseguiría terminar su vieja carrera de Historia del Arte.

Dibujamos un pez

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-¡Hala! Ese pez es muy difícil- dijo Pedro en la clase de Plástica.

Pedro estudiaba  4º de Primaria en el  Colegio César Augusto. Era un alumno un poco bajito –ya crecería más tarde-, con el pelo castaño y con rizos. Su nariz era respingona y tenía la cara salpicada de graciosas pecas. Se desenvolvía en la clase con total naturalidad y era muy divertido y un poco “trasto”.

Su maestra, María, levantó los ojos de la lámina que estaba observando. Estaba acostumbrada a escuchar los primeros comentarios de sus alumnos cuando les presentaba un nuevo trabajo.

-Mira,  Pedro. Creo que primero lo debes intentar. Ya os lo he dicho muchas veces: “se aprende haciendo”.

Pedro la miró y, de una forma no muy convencida, tomó el lapicero y empezó. Se percató de que no le salía exacto a la imagen que estaban visionando, pero ….

Al final se dio cuenta de que el arte tiene sentimientos, emociones, ideas y, desde luego, diferentes puntos de vista. Y todo eso lo había descubierto gracias al pez.

¡Pues no había resultado tan difícil!

La verdadera historia de David

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Por fin había llegado el gran día. Tres, tres años esperando. Alcanzaba a ver a través de la diminuta ventana del ático un horizonte de tejados, torres y edificios y un precioso cielo azul.
El cincel seguía trabajando dando los último retoques. Pero a él nadie le tenía en cuenta. Su cabeza coronada de rizos, su cuerpo perfecto, su perfecta anatomía. Sin embargo, no sonreía.
El maestro había decidido que no debía sonreir… Ya ves, pasar así a la posteridad, ¡¡como si estuviese enfadado!!
A la mañana siguiente cuando Miguel Ángel presentó su obra maestra en la catedral de Florencia, no daba crédito a lo que veían sus ojos… David ladeaba su cabeza a la par que una sonrisa maliciosa se dibujaba en los labios.

Homenaje a Gabriel

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A Gabriel le gustaba pintar, se pasaba las horas dibujando y pintando. Creció y pronto el papel se le hizo pequeño, sus colores llenaban las paredes de la ciudad.
A Abel le gustaban las carreras, se pasaba el día corriendo. Creció y siguió corriendo.
Un día sus vidas se cruzaron. Sus coches se chocaron.
Gabriel esperaba en el semáforo, su maletero siempre lleno de botes de pintura. Abel corría demasiado. Gabriel nunca más pintó, ahí acabó su cuento.