Edición 2016: Más de 14 años

Cambio de papel

– Señor director, quería pedirle un favor: quiero un papel de malo.

– ¿Cómo? ¿Un papel de malo? No es posible. Yo soy el director y guionista de esta película y no hay papeles de malo, lo siento.

– Ya, pero es que yo…

– ¡No hay más que hablar! No hay malos. Si permito que haya malos esta película sería un sinsentido. Se me escaparía de las manos.

Horas más tarde….

– Ya está. ¡Le he matado!

– ¿Matado? ¿A quién, insensato?

– ¿A quién va a ser? ¡A mi hermano! ¡Ya soy el malo!

– ¡Maldita sea, Caín! ¡Tus padres y tú siempre saltándoos el guión! – exclamó Dios enfadado.


 

Gotas… y acción

Me encanta pasear los días de lluvia. Son especiales. Si piso el charco con el pie izquierdo, la Pantera Rosa va a hacer una de sus alocadas travesuras. Y si lo piso con el pie derecho, la Momia me va a envolver con su tela blanca. Y si no piso… si no piso acudirá el Exorcista con su hisopo. Haga lo que haga, la diversión está asegurada.

Lo que no saben el  resto de viandantes es que cada gota que moja mi frente, activa mis neuronas provocando una descarga de emociones y sentimientos.

Este don surgió solo, convirtiendo mi cabeza en una gran sala de actuaciones. Ni puedo evitarlo ni quiero que acabe nunca.

Deseo que llueva todos los días. Quiero vivir mil vidas nuevas y ninguna mía. Por que la lluvia hace de mi existencia una alocada película de experiencias que nunca me defrauda.


 

Celofán negro

—Esos tipos eran muy raros, ¿sabe? No lo digo yo, lo dicen mis ovejas, que nada más verlos huyeron en estampida. El de la escafandra negra, que respiraba como si estuviera apurando carajillos con una pajita, decía que no me interpusiese en el destino del Imperio. Había otro dentro de una especie de aspiradora con lucecicas, y todo el rato bip, bip, bip… De pronto, el que parecía más normal empieza a agitar un fluorescente como para hipnotizarme, y se pone a hablar de la fuerza, el instinto, la República… palabrería para hacerme bajar la guardia. Pero mis perros se hartaron de esos chiflados, y así pasó lo que pasó.

—¿No recibió una carta del gobierno autorizando el encuentro de fans de Star Wars junto a su finca? —preguntó el fiscal.

—Mire, esas cartas en un sobre con celofán negro yo ni las abro. Siempre tienen un lado oscuro.

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