La historia del 4

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Había una vez cuatro un poco pesimista y arrogante que solo pensaba en sí mismo.

Y no fue una noticia nada buena cuando se enteró de que era la mitad de ocho.

La gente solo le decía:

-Piensa que eres el doble de dos.

Pero a él le daba igual, así que empezó a hacer un montón de cosas

para crecer y convertirse en ocho.

Lo probó todo, hacer ejercicio, comer mucho, etc.

Hasta que por fin lo consiguió.

¡Se convirtió en un ocho!

Pero volvemos al principio.

Un listillo le dijo al ocho que era la mitad de dieciséis.

Hasta ahora cuenta la leyenda de que nuestro amigo se sigue multiplicando.

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Las señales

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Un día me desperté y vi en las noticias a la reportera diciendo:

-Alguien ha robado las señales de tráfico en forma de triángulo. Toda la ciudad está muy preocupada ¡Qué vamos a hacer sin las señales, habría muchos accidentes en la carretera!

La policía está buscando por todas partes al ladrón, pero no lo ha encontrado.

Al día siguiente todas las señales de tráfico estaban en su sitio. Resulta que el jefe de la policía las cogió para arreglarlas. Dijo que las vio muy rotas y estropeadas, y también que con las señales arregladas se vería mejor y habría menos accidentes.

Un caso de mala suerte

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Estamos en el año 9.418 y los científicos numéricos están investigando la desaparición del número 13.

Me pregunto por qué el 13, siempre he pensado que es porque da mala suerte, pero no sé muy bien si esa es la verdadera razón. Lo quitaron hace 5.294 años, en el 4.124. El presidente Leoncio Guío Rubio declaró que el 13 no servía para nada.

Mi padre ha inventado la octava máquina del tiempo. Mientras mis padres están en Júpiter pasando el fin de semana, yo cogeré la máquina y me iré al año 4.124; no lo pasaré bien porque aún están con la crisis del 2.008. ¡Qué horror!

La máquina huele a huevo podrido. Menos mal que en el cole damos clase de conducción de vehículos poco tradicionales.

Me reuní con Leoncio, y le convencí de que ningún número da mala suerte. Sin embargo en 9.418 el 13 sigue sin aparecer…

Cuenta que te cuenta

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Las 8 de la mañana. Diez minutos de ducha y un zumo de dos naranjas. El abrigo, ¿dónde están mis llaves? Dos vueltas y una, dos… veinte escaleras por tres pisos, ¡sesenta! Y cinco más hasta el portal, el número 8. El termómetro de la esquina marca 3 grados. El semáforo, en rojo, 6, 5… cuando llegue a 0 podré cruzar. Atravieso el parque en diagonal. Abro la tienda y llega el primer cliente:
– Un cuarto de jamón y una docena de huevos.
– Son 7,45.
– Aquí tiene, 5, 50, con esto 8 y con estos 2 más los 10.
Hora de cerrar. Cojo el 32, me voy de rebajas. Compro un mantel de 90 por 120 y unos zapatos del 39, todo al 50%. Ya en casa abro el periódico, la probabilidad no falla, no me ha tocado la lotería. A dormir y mañana volveré a revisar mis cuentas.

 

Los dos amigos

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Dos amigos compran un cupón de lotería de Navidad a medias, uno de ellos se da cuenta que les ha tocado el gordo y se lo dice al otro. Dividen el dinero y cada uno se queda la mitad.

Uno de los amigos se empieza a gastar todo el dinero rápidamente en fiestas, coches buenos y caros etc. etc. Mientras que el otro se lo gasta moderadamente y va ahorrando. El señor que va ahorrando le advierte a su compañero de que si sigue así se quedara sin dinero y su amigo se enfada, y le dice que no quiere saber nada más de él.

Pasan los años y el señor que se gastaba el dinero rápidamente llama a su ex-amigo y le pide ayuda porque no le queda dinero ni para comer. El hombre como era muy buen amigo se reconcilia y le ayuda.