El trío La-la-lá

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-¡Hey, qué pasa chaval, ¿todo bien, todo correcto? ¡Y  yo que me alegro!

-¿Qué tal tío?-responde Jacobo

-Genial, ¿y tú?-contesta Mario

Jacobo y Mario son muy amigos, Jacobo es bajito y con brackets y Mario es moreno y alto. Un día quedaron con Greg que era un niño muy pringado y un poco torpe, pero era un buen escritor. Cuando era pequeño, Greg siempre se compraba un diario y escribía porque era su afición. Jacobo, Mario y Greg se fueron a una capea de becerros en Pastriz, porque les gustaba torear y recortar, pasaron en grande porque después se fueron a un restaurante y de ahí se tenían que ir a casa a dormir porque al día siguientes se iban a Pamplona a los encierros. Al final fueron a Pamplona los tres y se lo pasaron tan bien en “San Fermín” y Greg escribió un diario sobre esos días espectaculares.

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El pueblo y los turistas

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Había una vez un pueblo que no llegó a conocerse porque era tan pequeño que ni las hormigas querían vivir en él. Pero una cosa sí se supo: tenía una biblioteca más grande que cualquier casa.

Un día cercano a nuestros tiempos pasaron unos turistas. Del autobús se bajaron tres que eran tan inteligentes que usaban la lectura a modo de diversión, así que fijaron su vista en la biblioteca. Entraron con mucho sigilo: ¿Hay alguien ahí?- saltó, de repente, una voz llegando desde la pared. Bibliotecaria no había, lectores tampoco. Entonces, ¿Quién vociferaba por aquellas tierras lectoras?

Más tarde ya estaban leyendo pero los libros no tenían letra. a uno de ellos se le ocurrió escribirlos ellos mismos.

Se hicieron escritores famosos y en cuatro de sus libros aparecía el pueblo.

En el futuro fue visitado por cualquier escritor que tuviera imaginación y curiosidad.

Ana y su tesoro

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Había una vez una niña llamada Ana que no podía ir al colegio, pues era muy pobre. Vivía en una aldea muy lejana y debía ayudar a su familia cuidando los animales de la granja. Pero Ana se sentía sola y triste porque quería saber qué había más allá de las montañas.
Su padre iba al pueblo una vez a la semana y en uno de sus viajes le regaló un libro, y ella lo leyó emocionada. Desde ese día descubrió su pasión por los libros, en los que aprendió cómo era el mundo y la forma de vivir de otros países, lo cual Ana desconocía.
Así, nunca más se sintió sola y soñaba con ser mayor y poder viajar y conocer todos esos países por sí misma.
Mientras, sus libros eran su gran tesoro y la puerta que le abrían al mundo .

Fin.

Botas, el ratón de biblioteca

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Había una vez un ratón llamado Botas que vivía en un campanario con su familia. En la escuela le enseñaban a tener miedo a los gatos, pero él no lo tenía. Un día su hermano lo llevó a la biblioteca a comer páginas, pero el quería saber qué ponía en ellas. Al día siguiente se encontró con Pérez el gato del campanero.

– ¿Qué te pasa? – preguntó Botas.

– Que en el colegio me obligan a cazar ratones y no me gusta – contestó Pérez.

– A mí a huir de los gatos – dijo Botas – ¿Qué estás leyendo?

– Cómo cazar ratones – contestó Pérez.

– ¿Me enseñarías a leer? – preguntó Botas.

– ¡Claro!

Botas aprendió a leer y para devolverle el favor fue a la clase de Pérez a fingir que lo cazaba.

Desde entonces fueron amigos y quedaban a leer todas las tardes.

¡No y si!

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¡No, no y no¡. ¡Silencio¡. ¿Te imaginas que todos los personajes de tus libros favoritos te pidieran participar en este relato?

Me pregunto, ¿cómo se habrán enterado?. Seguro que habrá sido alguno de mis hijos; desde que les conté mi secreto, ese secreto que cambió nuestra vida….

No sé qué hacer. Necesito encontrar una solución ya. Y que mis hijos y los protagonistas de mis libros estén contentos.

Volveré a recurrir a la raíz del problema, a la esencia de los libros: la magia.

Cerraré los ojos, dejaré que mi imaginación vuele por extraños y lejanos mundos y que dirija mi mano. Mano que abrazará con fuerza la pluma que me regaló mi padre el día que me reveló el secreto de los libros….

¿Quieres conocer mi secreto? ¿Quieres que sea tu secreto?. ¡Sí, sí y sí¡.

Pues, únete a mí; lee, sueña, imagina y compártelo.

Nota importante

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Cuando nos envíes tu relato por correo electrónico, no olvides indicar la categoría en el asunto del mensaje.

¡Gracias!

María, Marta y un libro misterioso

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En un pueblo había una leyenda de que un libro de la biblioteca estaba hechizado. María y Marta eran unas niñas a las que no les gustaba mucho leer. Un día, después de la escuela decidieron ir a la biblioteca, a ver que tenía ese libro del que la gente hablaba tanto.

En la puerta de la biblioteca María dijo:

– ¿Pero ese libro puede ser peligroso? Yo por seguridad me quedo aquí.

Marta le dijo:

– Los libros no pueden hacer cosas malas. ¡Sé valiente¡

Marta y María saludaron a la bibliotecaria, y fueron corriendo a las estanterías de libros. A Marta le llamó la atención especialmente uno de poesía, y decidieron cogerlo.

Cuando empezaron a leerlo, se dieron cuenta que era el libro misterioso, porque les había hechizado. Les gustó tanto que María y Marta nunca dejaron de leer.

¡Viva el hechizo de los libros!